JULIA MARQUÉS, prepara unas telas, ora recortes ora formadas. Su originalidad para con la pintura radica en su trazo, y que no parte del vacío blanquecino del lienzo, si no que, previamente elige las telas estampadas ya, con motivos que formarán el grosso del la masa corporal y su acción –en la mayoría de ocasiones.
Una vez elegida y preparada para dotarla de rigidez, cae en las manos del poeta EDDIE (J.BERMÚDEZ), que, tinta en mano, comienza a trazar el poema, los poemas, los verbos los versos, las sílabas…en definitiva, la palabra.
El proceso en su génesis es abrazado por la mano creadora de la artista JULIA MARQUÉS e interpreta las palabras del poeta, o “escribidor” como dice nombrar(se).
La tormenta visual está entonces entre la cresta de la montaña de la creación y la cima del significar. Es ella quién une las crines del verso y la pintura, los trazos y las letras dispuestas sobre el lienzo.
El resultado es la simbiosis de estas dos disciplinas, que cobran dignidad cuando se sujetan al lienzo para que no desnude al viento, para que no re-busque las ventanas para descolgar-se por su éter.
He ahí el Gólem de la palabra susurrada y el movimiento del color murmurado en una sola Voz.
¿Poesía? ¿Pintura? ¿Acción? ¿Movimiento? ¿Espectáculo?
Decidan ustedes mismos, ya sea para leerlas o para contemplarlas. Sólo den cuenta del gemir de la poesía acunada por la pintura, o el ávido bailar de la pintura arañar la poesía…